A Josimar José Evora Días le dicen Vozinha porque, de niño, cada vez que los niños más grandes lo matoneaban se iba gritando a donde su abuela a dar quejas. Vozinha significa abuela. Jugaba en el barrio pero a los 18 años creía que era imposible ser jugador profesional en el lugar donde nació, la isla de Sao Vicente de Cabo Verde, colonia portuguesa. Así que, para ganarse la vida, trabajó como electricista.
Todo lo que aprendió sobre el arco lo hizo a través de tutoriales en internet porque en su país no existían entrenadores de arqueros. Sus abuelos lo criaron y, cada vez que tiene noches épicas como en la que casi elimina a Argentina, llora por ellos.
Lo más sorprendente de su historia es que nunca pasó por una escuela profesional de formación para arqueros. Debido a la falta de entrenadores especializados en su país, aprendió gran parte de la técnica viendo videos de entrenamientos en YouTube, donde perfeccionó, por su cuenta, los movimientos y reflejos que hoy asombran al planeta.
“Hay cosas técnicas que, una vez alcanzás cierto nivel, ya no se pueden arreglar; tengo muchos defectos que, si hubiera iniciado en un club profesional, los hubiera corregido”, confesó recientemente.
“Vozinha creció en una familia de escasos recursos, en un entorno donde acceder a una escuela de fútbol o recibir formación especializada era prácticamente imposible. La falta de oportunidades y las dificultades económicas nunca le permitieron ingresar a un club profesional para aprender el oficio”, se indicó en el medio de comunicación donde el portero contó su historia.
Desde la humildad de su país, Vozinha escribió una historia de superación que inspira a millones. Sin haber tenido las oportunidades de otros grandes porteros, llevó con orgullo la bandera de Cabo Verde y demostró que los sueños también se construyen con disciplina, sacrificio y la convicción de nunca rendirse.
De su familia le sobrevive su mamá pero no pudo acompañarlo porque el odioso gobierno de Trump le negó la visa. Después de intensos pedidos le dieron la entrada. A los 41 años logró lo que ni en sueños se atrevió a soñar: poder estar en el mismo campo de juego que su ídolo Messi. Estuvo a punto de echarlo de una copa del mundo. El fútbol es mágico. Y muy democrático.
Fuente:MDSmomentosdeportivos.com
Omar Augusto Guevara Parrado C.S.&.P